El entusiasmo de la nueva iniciativa lleva a menudo a los emprendedores a subestimar el tiempo necesario para transformar la necesidad de los consumidores en un volumen de negocio real.
Sucede que a veces se necesitan tres años para alcanzar un nivel de ventas que en principio se había calculado conseguir en 18 meses. Un error que puede llevar a una quiebra súbita si el capital disponible no basta para aguantar hasta que los negocios despeguen.
Muchos emprendimientos no logran despegar por detalles que son importantes: cartas de promoción escritas en forma incorrecta, no hacer seguimiento a los potenciales compradores, demoras en responder, peticiones de información y demoras en entregar pedidos.
En un mercado cada vez más competitivo, los detalles se vuelven fundamentales.
No hay fracasos. Solo hay resultados.
La mayoría de las personas, en nuestra cultura, están programadas para temer eso que llaman fracaso. Sin embargo, cualquiera de nosotros recordara las veces que deseaba una cosa y obtuvo otra.
A todos nos han suspendido en algún examen, todos hemos sufrido por amores que no acabaron bien y todos hemos visto fracasar proyectos de negocios o de otro tipo.
Ahora mismo tu tienes que cambiar y, en lugar de la palabra "fracaso" utilizar la palabra "desenlace" y "resultados" porque eso es lo que en realidad sucede.
Y comprometete a aprender de todas las experiencias. Los triunfadores no ven fracaso. No creen en eso y para ellos no cuenta. Tu y yo sabemos que en la base de todo cambio importante siempre
encontramos al emprendedor.
Ese tipo de persona que no teme al cambio y toma la iniciativa de HACER, de crear nuevos emprendimientos.
Etiquetas: fracasos, resultados
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